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[Opinión] Link: El Héroe de Miyamoto que devolvió la luz a los videojuegos

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¡Hola Torit@s! Hacía tiempo que no publicaba ningún artículo y ya iba teniendo algo de mono, así que hoy me he lanzado a hablar sobre Link, el Caballero de la Casa Real de Hyrule, encargado de la protección de la familia real, y muy especialmente de la princesa Zelda. Acabo de terminar Zelda Breath Of The Wild y quería compartir algunas reflexiones con todos vosotros. Lo hiré haciendo a través de unos cuantos artículos.

La primera reflexión, pero más obvia, sería comentar que estamos ante un juego magistral que roza la perfección técnica y artística. Sin embargo, hoy no tengo ganas de abrir ese melón. Lo haré más adelante, no hay duda.

Hoy me siento aquí para reivindicar la trascendencia del heroísmo de Link y de su creador: Shigeru Miyamoto. Para ello necesito que me acompañéis a 1972, cuando todo comenzó.

Como muchos sabréis, la industria militar fue el útero para la todavía incipiente industria de los videojuegos. La primera consola de videojuegos de la historia, fruto del incansable proyecto de Ralph Baer, considerado el padre de los videojuegos, fue bautizada comercialmente como Magnavox Oddysey. La consola tuvo su origen en el corazón de Loral, una empresa que por entonces estaba dedicada a la investigación tecnológica para el sector de la aviación militar.

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La década de los 70 fue también conocida como la “Era Dorada de los videojuegos arcade”. Una alternativa a las máquinas de “pinball” y las “tragaperras”, donde la destreza y la habilidad del jugador eran factores clave. Un periodo liderado por la compañía americana Atari (1972). Fundada en New York por Nolan Bushnell y Ted Dabney, y creadora de “PONG”, el juego de tenis de mesa que sirvió de pistoletazo de salida a la primera generación de videojuegos. 

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Al comienzo de los 80, la industria del videojuego estaba poblada de cientos de títulos de dudosa o nula calidad. Viendo la rentabilidad del mercado, los creadores se habían lanzado a publicar videojuegos con desarrollos de corta duración y carentes de valores técnicos y artísticos. Esta situación degeneró en una saturación del mercado, la perdida de confianza de la comunidad de jugadores y por tanto, en el final de la segunda generación de consolas y la primera crisis de la joven industria de los videojuegos. En 1983, este cataclismo acabó con Atari, que como era de esperar, no cayó sola. Decenas de empresas del sector dedicadas a la fabricación de consumibles y al desarrollo desaparecieron del mercado sin dejar rastro.

El panorama era desolador. Los»gurus» incluso dudaban del futuro de la industria de los videojuegos. Excesos de stock en las tiendas y almacenes, fosas comunes en el desierto de Nuevo México donde la propia Atari condenó a decenas de copias del «port» de PacMan (1980) y ET El Extraterrestre (1981), cientos de millones de dolares de pérdidas, suicidios… De la luz a la más densa oscuridad en apenas diez años. La voracidad de un mercado ávido de ganancias, descuidado en los procesos de producción e irrespetuoso con sus consumidores sumió a los videojuegos en un naufragio de difícil solución.

Hasta aquí, espero que el lector vea la similitud del Cataclismo de Hyrule y la crisis del 83. Pues en el Santurario de Nintendo, ya había despertado nuestro héroe, el que devolvería la luz a la industria con su sabiduría, valor y fuerza. Miyamoto, el ahora Consejero de Nintendo, rompio los esquemas del mercado en 1986 cuando presentó a Mario Bross y The Legend Of Zelda.

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Este último, fue el primer juego no lineal que presentaba un «lore», un mundo por explorar y descubrir, una gestión de inventario, narrativa interactiva y otros muchos sistemas y mecánicas de tal calado, que a corto plazo servirían como referencia a creativos de todo el mundo. En 1987 la industria de los videojuegos había resurgido. La consola de Nintendo llegaba a miles de hogares en todo el mundo.

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Miyamoto se había convertido en el Link de la industria de los videojuegos. La luz había regresado. Pero no olvidemos las palabras de Zelda: «Link, hemos destruido a Ganon, pero él siempre acaba regresando

Mi relación con la NES comenzó en 1989. La princesa Zelda y Link ya habían cobrado vida en 1986, gracias a la creatividad de Shigeru Miyamoto y a los diseños de Takashi Tekuza. Un tándem que establecería las bases del diseño de videojuegos de plataformas, acción y aventura. Por aquel entonces, no éramos conscientes del legado que estábamos recibiendo, y de que la infancia de muchos ochenteros quedaría marcada por una trifuerza que colocaría a NES en el olimpo de las consolas: Donkey Kong (1982), Super Mario (1986) y The Legend of Zelda (1986)

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Haríamos bien en tener presente las lecciones de la historia, no vayamos a pasar por alto que Ganon siempre vuelve, como lo hacen las crisis industriales, a menudo alimentado por la ambición económica y la falta de espacio para alimentar el amor por el oficio. Aunque, si otra crisis de los videojuegos regresase, tal y como nos ha enseñado Miyamoto y su Leyenda de Zelda, siempre habrá un Link cuya creatividad sirva de chispa ancestral para poder reavivar el gran fuego de la luz y de la industria.

Han pasado cerca de treinta y cuatro años desde que The Legend Of Zelda resucitara la industria de los videojuegos, y ha sido un auténtico placer redescubrir Hyrule a través de Breath Of The Wild. Comprobar como el gusto por la estética, la fantasía, la creatividad, la pasión por el detalle y el respeto al jugador se mezclan en el que es para mí, el mejor juego de la octava generación, y por lo que, desde este blog, le quiero dedicar el cariño que se merece.

En los próximos artículos, entraré en detalle a analizar los diferentes aspectos que me han llamado la atención del juego, desde su historia, hasta los aspectos sistémicos que lo gobiernan, tales como el atmosférico, la luna carmesí, el ciclo día y noche, y por supuesto pasando por la estructura del mundo y sus objetos ficcionales. También dedicaré algunas palabras a reflexionar sobre aspectos religiosos, políticos y humanos que están intrincados en las mecánicas y la jugabilidad.

En definitiva un paseo por un Hyrule renovado por el ahora responsable de la franquicia Eiji Aonuma, pero con el alma de aquel Hyrule pixelado y pulcro de Miyamoto que resucitó el mundo de los videojuegos.

¡Nos leemos!

Referencias

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